Qué hacemos

Nuestra forma de vida

La forma de vida de nuestra Orden Capuchina tiene como rasgos esenciales a la fraternidad, la minoridad y la oración contemplativa. A partir de la caridad fraterna y la ayuda mutua buscamos ser menores a imitación de Cristo, que vino a servir; y contemplando el Amor, hecho patente especialmente en el Nacimiento y en la pasión y muerte de nuestro Señor Jesucristo, vivimos nuestra consagración religiosa, según nuestra Regla, escrita por nuestro seráfico Padre San Francisco:

 
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La regla y vida de los hermanos menores es ésta: guardar el santo evangelio de nuestro Señor Jesucristo, viviendo en obediencia, sin nada propio y en castidad

2Reg 1.

Nosotros, como hijos de san Francisco, evangelizamos el mundo especialmente con el buen ejemplo, dando testimonio del amor que Dios nos tiene, a través de nuestra consagración religiosa.
A partir de ello, nuestra Provincia sirve a la Iglesia a través de once parroquias, de las cuales tres son misioneras; llevando la Buena Noticia, especialmente entre los más pobres y necesitados.

Este espíritu hacia los pobres, lo llevamos también en nuestras obras sociales como en la Ciudad de los Niños, donde 200 niños y jóvenes con bajos recursos, reciben una formación integral para poder hacer frente a los retos profesionales y espirituales propias de este mundo. Igualmente, damos asistencia a muchos necesitados en la Clínica San Francisco, en Chorrillos. Asimismo, impartimos un especial servicio espiritual en el Centro de Espiritualidad Padre Pio en Ñaña; en la Casa de oración “San Félix” en Arequipa y en la Casa de retiro Virgen de Cocharcas en Chorrillos.

Una parte importante es la educación. A través de nuestros tres colegios, acompañamos a niños y jóvenes en su etapa escolar, trasmitiéndoles una educación de calidad y sobre todo inculcándoles los valores cristianos, para ser los ciudadanos del mañana que el país necesita.

El trabajo es exigente y no es posible sin una profunda vida fraterna, en espíritu de minoridad y de oración contemplativa, que nos llama a salir de nosotros mismos en busca del hermano necesitado, reflejo de nuestro Salvador.

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