Los Capuchinos en el Perú
Hace más de 56 años, seis hermanos de la Provincia de Génova, vinieron al Perú para sentar las bases de una presencia sólida de los capuchinos, echando raíces en la cultura y en el corazón del pueblo peruano. Hoy, agradecidos a Dios por el don de los hermanos que nos han precedido, queremos traer a la memoria algunas líneas:

Hace más de 58 años, seis hermanos de la Provincia de Génova, Italia, vinieron al Perú para sentar las bases de una presencia sólida de los Capuchinos, echando raíces en la cultura y en el corazón del pueblo peruano.

Chorrillos fue la primera casa de los hermanos pioneros. Se trata de un período de siembra en el que se desarrolló un trabajo pastoral enfatizada en la catequesis de niños y jóvenes que se preparaban para recibir los sacramentos y que proponía nuevos e ingeniosos métodos para captar almas para Cristo: juegos, cantos, deportes, etc. Estamos hablando de una característica peculiar de nuestro carisma: la cercanía al pueblo, que en el Perú se expresó en:

El P. Iluminato de Riva Ligure funda la Ciudad de los Niños en 1955; se crean cooperativas de ahorro y crédito en las décadas de los 50 y 60; se construyen capillas en los barrios más pobres de Lima y los hermanos establecen una atención constante en algunas «barriadas» de Lima: Buenos Aires de Villa, Cocharcas y Vista Alegre. Además en 1960 se crea el colegio parroquial «Cristo Rey», como una opción nueva en la formación humana y cristiana de los niños y jóvenes chorrillanos.
Durante 22 años se tuvo una presencia en Paramonga (1948-1970), un complejo industrial circundado por las casas de obreros y empleados, y grandes plantaciones de caña de azúcar. Otro centro misionero fue La Mejorada, pueblo situado en la sierra central del Perú, en el departamento más pobre del Perú, Huancavelica (1950-1955).

Inicio del camino Formativo
En Arequipa se recibían las primeras vocaciones. Era el postulantado. Lógicamente, todavía no había un plan de formación sistemático. El deseo de trabajar con los jóvenes postulantes se expresó en un compromiso que supuso incomodidad y paciencia; sin embargo, cuando los hermanos no perseveraban, no era motivo para desanimarse, sino para reflexionar y continuar con más ahínco.
Creyendo que el camino franciscano es, ante todo, una experiencia, desde el inicio, la formación no tuvo el sesgo del intelectualismo, sino de Pascua: el aprendizaje de morir al amor propio en el servicio humilde. En efecto, antes de saber muchas cosas, era necesaria una experiencia de fe, minoridad y obediencia.

El trabajo pastoral.
Mientras tanto el trabajo apostólico continuó creciendo y perfeccionándose; se consolidó un estilo pastoral en nuestras parroquias caracterizado por la apertura a grupos de diferentes carismas. Naturalmente se intentó favorecer la rica espiritualidad franciscana. Asimismo, se optó por atender los grupos de jóvenes, pues sabíamos que en ellos estaba el futuro de la Orden. En efecto, por lo menos un 50% de nuestras vocaciones han pasado por nuestras parroquias, en la catequesis o en algún grupo.
Después de la experiencia de incursión en la educación con el colegio «Cristo Rey» de Chorrillos (1968), el trabajo educativo se vio fortalecido con el Colegio «Cristo Salvador» (1979) en Chama.


La misión.
De igual manera, se retoma el impulso misionero con el trabajo en las serranías de Arequipa y Palpa. Una experiencia muy franciscana fue la misión en la selva: «El Estrecho», pueblo en la frontera con Colombia que se atendió por 12 años, de 1971 a 1983;
¿Cuál es el secreto de la gran feligresía que asiste a nuestras parroquias? En el día domingo todas las Eucaristías llenan nuestros templos, ¿por qué? En la formación inicial se ha inculcado siempre el amor por «las cosas de Dios». El rey tiene su lugar y como tal hay que tratarlo: el amor a Dios que se esconde detrás del decoro y cuidado de las Iglesias y del esmero en la Liturgia son algo que la gente percibe muy bien. Además, la predicación de los hermanos es siempre sencilla y bíblica, y nunca falta un confesor dispuesto a acoger, a los penitentes, sin juzgarlos.

A partir de 1990 nuestra vida en la Viceprovincia tiene unas características claras: consolidación de la vida fraterna, aumento de vocaciones y el progresivo desempeño de los hermanos peruanos en los servicios de párrocos y guardianes, en el consejo viceprovincial y en los equipos formativos.
Las fraternidades nuevas en este tercer período han sido: la Ciudad de los Niños, la casa del Noviciado en Caraz y el segundo año de Postulantado (Prenoviciado) en Huánuco.
Además, la Casa de acogida «San Félix», anexa a la Fraternidad «Madre de Misericordia» de Arequipa tiene cada vez mayor significación: ofrece un mes de convivencia a lo largo del año a los aspirantes a la Orden, acoge a los sacerdotes que necesitan tener un tiempo de reflexión y es la Casa del Postulantado de las vocaciones adultas.

Un punto aparte merece el llamado «Mes de experiencia» (enero-febrero), tiempo en el cual se ofrece a los jóvenes una experiencia de confrontación fuerte para discernir el seguimiento de Jesucristo a través de nuestro carisma. Se trata de una vivencia válida que se realiza desde hace más de treinta años y a la que acuden jóvenes de las distintas partes del país que constituyen un buen grupo numérico

Los Capuchinos en el Perú hoy
Actualmente somos 58 hermanos profesos perpetuos (con seis hermanos italianos y uno argentino de origen, pero identificados con el pueblo peruano). Tenemos 45 postnovicios, 10 novicios, 15 postulantes.

Tenemos nueve Fraternidades:
Cuatro en Lima: San Pedro en Chorrillos, que atiende una gran parroquia con 5 capillas anexas; María Inmaculada de la Ciudad de los Niños, que alberga a más de 500 niños, dándoles una formación integral; Cristo Salvador, sede de la Curia que atiende también una importante parroquia; Padre Santo en Ñaña, casa del primer año de postulantado y responsable de tres comunidades parroquiales.

Además cuatro en el interior del país: San Cristóbal en Palpa, parroquia rural que atiende tres anexos y una zona en la serranía; Madre de Misericordia en Arequipa, casa del Postnoviciado que atiende, además, una parroquia en la ciudad y dos en la sierra; Santa María de los Ángeles en Caraz, Casa del Noviciado que atiende una parroquia rural; y, San Bernardino de Siena, en Huánuco, casa del segundo año de postulantado y que atiende una parroquia en la ciudad y otra en la sierra.
Y la Fraternidad “San Pío de Pietrelcina”, en Bolivia, Santa Cruz. Que el seis de Enero del 2007 se realizará la ceremonia de apertura de esta casa.

Pero no se trata de llenarnos la boca con datos y estadísticas; sabemos que de nada valdría el esfuerzo si se deja de lado lo fundamental. Tratamos siempre de evitar asumir roles que deformen nuestra consagración religiosa en un empleo cultual. Es la armonía de una vida orante, fraterna, minorítica y apostólica la que nos permite perseverar.
Por eso el cuidado especialísimo que se da a la formación inicial y el robustecimiento de la formación permanente. Todo en el espíritu de reforma, característica de nuestra familia capuchina y que es lo que da sentido a nuestro ser en la Iglesia.