¡Paz y Bien!
Hermanos.
El Adviento es una espera y una certidumbre. Es la espera de que el Dios vivo va a venir a nuestra vida. Es una certidumbre de que ha venido realmente. Es una llamada para que le abramos nuestras puertas.
Este es el sentido del Adviento: prepararnos para acoger la presencia del Dios vivo, amoroso y purificador, que derrite los montes de nuestro egoísmo, de nuestra indiferencia y de nuestra injusticia. Es preciso descubrir el sentido del Adviento en cada año de nuestra vida. El Señor viene, vuelve a venir. Ha venido a Galilea en carne mortal. Ha venido a nuestro tiempo y a nuestro mundo en la Iglesia, porque la Iglesia es el templo donde Él habita, su sacrosanto cuerpo. Ha venido a cada uno de nosotros en el Bautismo.
Pero el Señor no ha venido todavía a todos los hombres ni a la totalidad de nuestra persona como bautizados. ¡Cuantos sentimientos, actitudes ante la vida, cuántos momentos, realidades y reacciones de nuestra vida no son todavía una conformación con el Evangelio! Es preciso que el Señor siga viniendo. Una venida incesante que nos haga vivir permanentemente en el Hoy de Dios. Es necesaria una espera sostenida y constante que nos prepare para recibir al Salvador. En esta actitud de espera, convertido nuestro corazón y envuelto en una permanente actitud de búsqueda, podremos ir descubriendo con seriedad en este nuevo acontecimiento religioso que hoy se acerca a nuestra vida, que prepararse para la Venida del Señor es adquirir un más real y total compromiso de nuestra vida con el Evangelio.
La cercanía de Dios en Navidad es desde la propia posesión de Dios vivir en la verdad, la solidaridad y la fraternidad. Lo demás habrá sido otra cosa. Otra espera y otra esperanza. San Bernardo, nos dice en un sermón sobre el Adviento y que se lee en el oficio de lectura del miércoles de la primera semana de Adviento:
"Sabemos de una triple venida del Señor. Además de la primera y de la última, hay una venida intermedia. Aquellas son visibles, pero ésta no. En la primera, el Señor se manifestó en la tierra y convivió con los hombres, cuando, como atestigua él mismo, lo vieron y lo odiaron. En la última, "todos verán la salvación de Dios y mirarán al que traspasaron". La intermedia, en cambio, es oculta, y en ella sólo los elegidos ven al Señor en lo más íntimo de sí mismos, y así sus almas se salvan. De manera que, en la primera venida, el Señor vino en carne y debilidad; en esta segunda, en espíritu y poder y, en la última, en gloria y majestad. Esta venida intermedia es como una senda por la que se pasa de la primera a la última: en la primera, Cristo fue nuestra redención; en la última, aparecerá como nuestra vida; en ésta, es nuestro descanso y nuestro consuelo”.
¿Cómo poder darnos cuenta de esta venida de nuestro Señor? El Señor nos manifiesta su amor cada momento, de manera especial en el prójimo, y quien es mi prójimo sino mi hermano que comparte día a día mi vida, mi ideal, mi realización. Es necesario abrirnos al hermano para poder descubrir lo que Dios nos esta revelando a través de ellos.Estando cercanos a celebrar el segundo aniversario de la creación de la Provincia, los invito a renovar nuestro deseo de servir al Señor con generosidad. Y a ser solidarios con la nueva misión que el Ministro General y su Definitorio nos ha confiado, la implantación de la Orden en Bolivia.
Les envío la carta que nuestro Ministro General nos ha enviado y que nos anima a seguir dando pasos y a mejorar algunos aspectos de nuestra vida, les ruego que lo compartan en un próximo Capítulo Local de la Fraternidad.
Les deseo muchas bendiciones en esta Navidad, que la pasemos todos en familia alrededor del pesebre, cantándole villancicos al Niños Dios y que el año 2007 sea un año de mayor entrega al Señor y con deseos de santidad.
Un abrazo fraterno,
Hno. José Alarcón Gómez
Ministro Provincial