Los capuchinos son conocidos por el hábito marrón y la capucha larga. El nombre de Capuchinos viene de la forma peculiar de usar el capucho. Lo que en un principio fue como un apodo, se ha convertido en el nombre oficial de la Orden El nombre de nuestra orden viene precisamente de la capucha. Los hermanos siempre se han caracterizado por su cercanía al pueblo “los frailes del pueblo”.
Una característica de los capuchinos es la minoridad, por eso buscamos los lugares más pobres y donde hay más necesidad. Nuestro carisma es vivir el evangelio, por lo tanto nos dedicamos a servir a la gente de diversas maneras. Podemos encontrar a un hermano atendiendo un comedor popular, visitando un hospital o una prisión. Otros estarán en una parroquia, o enseñando en un colegio o una universidad, o de misión en algún lugar lejano e incluso haciendo compras en el mercado. En cualquier trabajo que hacemos nos esforzamos por “ser menores” de corazón. Un capuchino es muchas cosas a la vez. Es, sobretodo, un hermano entre hermanos y un hombre de oración. Los hermanos capuchinos cimientan su vida y servicio en estos dos ejes esenciales: la oración y la fraternidad. Centrados en la Eucaristía y apoyados por un amor especial a la Virgen Maria, nuestra oración personal y comunitaria alimenta nuestra relación con Dios y de este modo podemos realizar nuestro servicio. Junto con la oración, la fraternidad es de gran importancia a un hermano capuchino. Esta vida fraterna es el calor del hogar que nos cuida y protege, y es nuestro primer testimonio para a un mundo solitario y enajenado. Nuestra fraternidad, cuando es vivida auténticamente, es un testimonio de la vida evangélica en la cual, a imagen del Señor, que lavó los pies a sus discípulos para demostrar que vino para servir, nos servimos unos a otros. Un capuchino es un hombre enamorado de Dios que vive para su servicio ¿Se puede resumir la esencia de nuestra vida en pocas palabras? San Francisco de Asís lo creyó y nos dejó escrito lo siguiente: “La regla y la vida de los hermanos menores es ésta: vivir el Santo Evangelio santo de nuestro Señor Jesucristo" regla del San Francisco |